5.02.2006

Mundos Crípticos

A parte de un videojuego de elevadísima dificultad y nefanda jugabilidad, "Dr. Livingstone, Supongo" es una frase histórica.
En el año 1866 de nuestro señor, David Livingstone, explorador, doctor en medicina, misionero y súbdito de la corona de Inglaterra fue enviado de regreso a Zanzíbar por la Royal Geographical Society, con la misión de fijar de una vez por todas la situación exacta de las fuentes del Nilo. Una vez más, Livingstone sería el único hombre blanco de la expedición.
Pero lo que parecía que iba a ser una exploración rutinaria pronto se convirtió en un desastre: robos, deserciones, enfermedades, etc.
De este modo, y tras varios años sin recibir noticias del Dr. Livingstone, la Royal Geographical Society lo da por perdido y, secretamente, por muerto. No obstante, y contra el sentir popular, un joven y audaz periodista de un joven periódico decidió que esto no podía quedar así. Henry Morton Stanley, norteamericano nacido en Gales, fue envidado a Zanzíbar por el New York Herald para encontrar al Dr. Livingstone “a toda costa”. Así, cuando tras una incansable y peligrosa búsqueda, Stanley llegó a Ujiji -el poblado donde el doctor se encontraba recobrándose de la disentería, las fiebres y la desnutrición que había tenido que soportar durante su periplo africano- el yanqui se acercó a empujones entre los nativos y pronunció las celebérrimas palabras ya citadas.

La hazaña de Stanley saltó a la primera plana de todos los periódicos


En unas declaraciones posteriores a su propio periódico, Stanley comentó que durante su búsqueda se había cruzado únicamente con un hombre blanco. “Era alto y tenía una mirada ciertamente extraña y perturbadora, hablaba en inglés con un extraño acento que no logré identificar, aunque tampoco quiso cruzar muchas palabras conmigo, sí recuerdo que me dijo que se llamaba Yemba”, comentó el intrépido reportero.
Durante muchos años, estas declaraciones de Stanley han significado un enigma que nadie a conseguido resolver ¿Quién era aquel extraño hombre blanco y qué hacía él solo en el corazón de África en aquella época? Muchos estudiosos e historiadores han tratado de dar con la respuesta correcta; algunos han dicho que se trataba de Henri de Malavent, un científico de la Sociedad Geográfica Francesa, acérrima rival de la británica; otros han apostado por que se trataba de Klaus Van Der Maas, famoso mercenario y aventurero a sueldo belga-flamenco... pero nadie había conseguido dar una respuesta satisfactoria hasta hoy. Actualmente podemos afirmar, sin ningún género de dudas, y gracias a los estudios e investigaciones del profesor Mario López Martínez, de la Universidad de Granada, que aquel extraño individuo que se cruzó en el camino de Stanley era el criptozoólogo uruguayo Hugo Montero Latre.

Según la Sociedad Española de Criptozoología, este ejemplar EXISTE de verdad

Pero ¿quién era realmente Hugo Montero Latre? En la Sociedad Española de Criptozoología tan sólo tienen vaguísimas referencias acerca de su trabajo, infructuoso y bastante pobre, por otra parte; y además se le pierde la pista muy pronto. Un criptozoólogo de segunda, en definitiva.

Según el profesor López, Hugo Montero Latre no era el verdadero nombre del individuo con el que se cruzó Stanley, sino que se llamaba Isidore Lucien-Ducasse, más conocido como el Conde de Lautréamont, el escritor más críptico de su generación, muerto en París en extrañas circunstancias, un año antes de que se produjese el breve encuentro narrado por Stanley. ¿Cómo se sostiene pues, la teoría del profesor López, si el Conde de Lautréamont estaba muerto?Según el profesor Mario López, Isidore Lucien-Ducasse no murío en 1870, como todos creemos, sino que decidió abandonar su tarea literaria y planificar su falsa muerte para, posteriormente, cuando todo el mundo estuviese convencido de que su cadáver descansaba en el subsuelo parisino, emigrar como anacoreta a las entrañas de África, a Zanzíbar, con el único objetivo de encontrar lo que le obsesionaba, lo que había impregnado de principio a fin su breve y enfermiza obra, Los Cantos de Maldoror: Lautréamont buscó LA POÉTICA DEL MAL, la belleza de lo sádico y lo lúgubre, en definitiva, la crueldad de la naturaleza, que sólo se puede encontrar en el continente africano, ajeno al pensamiento etnocéntrico e ilustrado que dominaba Europa en aquellos años.


Única foto conservada del Conde de Lautreamont


No es de extrañar, pues, que Lautréamont escogiese para su nueva e invisible vida en África la profesión de criptozóologo, señala el profesor López, pues se trata de una labor que lidia con la extrañeza, con lo oculto, que busca a los animales que sólo existen en nuestras pesadillas, los monstruos mitológicos y la especies que alimentan las leyendas; muy al estilo del Conde.
Según el profesor López, este fragmento de los Cantos de Maldoror que a continuación reproducimos justifica, junto con el resto de evidencias que expone en su página web, su teoría de la falsa muerte y la nueva vida africana del autodenominado Conde:

"Plegue al cielo que el lector, enardecido y momentáneamente feroz como lo que lee, halle sin desorientarse su abrupto y salvaje sendero por las desoladoras ciénagas de estas páginas sombrías y llenas de veneno.
(…)
Soñé que había entrado en el cuerpo de un puerco, que no me era fácil salir, y que enlodaba mis cerdas en los pantanos más fangosos. ¿Era ello como una recompensa? Objeto de mis deseos: ¡no pertenecía más a la humanidad! Así interpretaba yo, experimentando una más que profunda alegría. Sin embargo, rebuscaba activamente qué acto de virtud había realizado, para merecer de parte de la providencia este insigne favor. Más ¿quién conoce sus necesidades íntimas, o la causa de sus goces pestilenciales? La metamorfosis no pareció jamás a mis ojos, sino como la alta y magnífica repercusión de una felicidad perfecta que esperaba desde hacia largo tiempo. ¡Por fin había llegado el día en que yo me convirtiese en un puerco! Ensayaba mis dientes sobre la corteza de los árboles; mi hocico, lo contemplaba con delicia. No quedaba en mí la menor partícula de divinidad: supe elevar mi alma hasta la excesiva altura de esta voluptuosidad inefable.
(...)
Hay horas en la vida en que el hombre de melena piojosa lanza, con los ojos fijos, miradas salvajes a las membranas verdes del espacio, pues le parece oír delante de sí, el irónico huchear de un fantasma. El menea la cabeza y la baja; ha oído la voz de la conciencia. Entonces sale precipitadamente de la casa con la velocidad de un loco, toma la primera dirección que se ofrece a su estupor, y devora las planicies rugosas de la campiña. Pero el fantasma amarillo no lo pierde de vista y lo persigue con similar rapidez. A veces, en noches de tormenta, cuando legiones de pulpos alados, que de lejos parecen cuervos, se ciernen por encima de las nubes, dirigiéndose con firmes bogadas hacia las ciudades de los humanos, con la misión de prevenirles que deben cambiar de conducta, el guijarro de ojo sombrío ve pasar, uno tras otro, dos seres a la claridad de un relámpago, y, enjugando una furtiva lágrima de compasión que se desliza desde su párpado helado, exclama: Por cierto que lo merece; no es más que un acto de justicia.
Después de haber dicho esto, recobra su actitud huraña, y sigue observando, con un temblor nervioso, la caza de un hombre, y los grandes labios de la vagina de sombra, de donde se desprenden incesantemente, como un río, inmensos espermatozoides tenebrosos que toman impulso en el éter lúgubre, escondiendo en el vasto despliegue de sus alas de murciélago, la naturaleza entera, y las legiones de pulpos que se han vuelto taciturnos ante el aspecto de esas fulguraciones sordas e inexpresables. "

Juzguen ustedes mismos, el Profesor López lo tiene muy claro.

10 Comments:

At 1:08 p. m., Anonymous engelson said...

Furtiva lágrima la que me asoma cuando leo este documento. Que gran persona, que sensibilidad más apreciable, que prosa más de mi gusto, que sabia utilización de la tensión dramática. Permitidme que me quede con, a mi juicio, la idea central:

"A veces, en noches de tormenta, cuando legiones de pulpos alados, que de lejos parecen cuervos, se ciernen por encima de las nubes, dirigiéndose con firmes bogadas hacia las ciudades de los humanos, con la misión de prevenirles que deben cambiar de conducta, el guijarro de ojo sombrío ve pasar, uno tras otro, dos seres a la claridad de un relámpago, y, enjugando una furtiva lágrima de compasión que se desliza desde su párpado helado, exclama: Por cierto que lo merece; no es más que un acto de justicia."

No somos más que aprendices...

 
At 2:26 p. m., Blogger Darth Pomada said...

Qué manía tienen los anglos con las fuentes del Nilo: todo el mundo sabe que ya las descubrió Juan de Olid, infante del Condestable de Castilla, en el siglo XV.

Del Doctor Livingstone siempre recuerdo con cariño esa escena en Las Montañas de la Luna, en la que él y Burton se ponen a comparar cicatrices/medir sus pollas.

Si es cierto que el tal Yemba se metió solito en el África, en esa época, hay que reconocerle cierto coraje. Y de ser así, es una pena que no se haya conservado nada de lo que le pudiera haber inspirado en lo profundo de la jungla.

Cojonudo el post.

 
At 3:38 p. m., Blogger El Gran Chimp said...

Gracias a ambos por sus comentarios.
Engelson, es usted un lince: ese párrafo es la piedra angular del post.
Pomada, ¿qué entiende usted por certezas? Si es lo mismo que yo, le aseguro que SÍ es cierto lo de el tal Yemba.

 
At 7:24 p. m., Blogger Folken said...

También puede haberse ido a un lupanar extrañamente zoófilo y lúgubre.
Un bohemio del SXIX conocía sitios que no podemos ni imaginar.
Aunque me quedo mejor con la idea romántica de África

 
At 11:08 p. m., Blogger Eddy Lebowski said...

Y yo que pensaba que el primer blanco que se internó en el África negra fue Quaterman.
Interesante estudio el que nos acercas, ya estoy pensando un posible guión para una película.

 
At 9:53 p. m., Blogger Lt. Col. Kilgore said...

Más que crípticos, herméticos...

Están locos estos ingleses.

 
At 11:41 p. m., Blogger Kaleidoscope Girl said...

Grande, pero le diré, Chimp, que no he podido dejar de fijarme en el poderoso atractivo del Profesor López. ¿Sabe si tiene MSN? ¿Me podría dejar un teléfono de contacto? Quiero que me susurre al oído las vicisitudes de sus investigaciones mientras me penetra por todos los agujeros de mi cuerpo.

Kaleidoscope girl, dejando claro que esto no es una jodida enciclopedia cultural, ¡ni mucho menos, eh!

 
At 6:19 a. m., Blogger Mr. Glasshead said...

A mí me gusta la chaqueta que adorna la figura del Profesor López en cada una de sus fotografías. Esa extraña composición a lo ajedrez es de lo más audaz.

Por cierto, muy interesante la historia del Conde de Lautreamont y su conexión Livingstone.

 
At 9:50 a. m., Blogger El Gran Chimp said...

Coronel, le recomiendo que se fije en el texto destacado por engelson, ahí están todas las claves.
Kgirl, ya sabía yo que el atractivo de un joven profe de uni no fallaría con una de las de su calaña XD. ah! y viva Diderot!!!
Glasshead, incansable seguiré trabajando para acercarle historias que le interesen un poco más que la chaqueta del prof. López.

 
At 3:12 p. m., Blogger pez said...

No has pensado que simplemente el tipo ese que vio no era de las tipicas alucinaciones producidas por la malaria, eso o que le apetecia crear alguna duda y así poder tener tema de conversacion en las partys.

 

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