4.07.2006

Te espero en la puerta

Si alguna vez usted ha utilizado (o utilizase) la frase "te voy a atizar" para amenazar a alguien, es que probablemente, hasta este momento, jamás se ha visto envuelto en una pelea y, de este modo, yo le considero un ser humano incompleto. ¡Ojo! No digo que sea mejor ni peor, sólo incompleto, como, por ejemplo, si siguiese virgen a los 78 años.

¡El bocata de panceta, ya!

Para el resto de los mortales, sin embargo, la cosa cambia. En mayor o menor medida todo ser humano que se precie de serlo ha ejercido violencia física en algún momento de su vida.
Casi con toda seguridad, tú y yo y el vecino del quinto –e incluso Fulanito y Menganito- nos hemos visto envueltos en alguna que otra reyerta; independientemente de la intensidad, hemos utilizado la violencia de buena o mala gana, a pesar nuestro o de los demás. O sin pesar, qué cojones.
Y es que es inevitable. No se puede separar una cosa de la otra; la violencia física y el mamífero humano, digo, están intrínsecamente unidos, enroscados como dos (2) caracoles en constante cópula (disculpen el símil).

Desde los albores de los tiempos, desde la época del gran monolito negro y rectangular, los pueblos que han ido habitando el planeta se han enfrentado por cualquier quítame allá esas pajas.
Al principio los enfrentamientos eran básicamente a hostia limpia, pero poco a poco, con la llegada de las edades de los diferentes metales, la cosa fue salpicando un poco más, introduciendo todo tipo de utensilios. Con el paso de los años y el crecimiento de una clase dominante que vio prontito el pastelazo que significaría el uso exclusivo de la violencia sobre los demás (el encargado de justificar esto fuer un tal Hobbes), una idea nueva se nos fue inculcando en los genes: evitar, en la medida de lo posible, un uso indiscriminado del hasta entonces popular cachiporrazo y ya eres mía.
A pesar de todo, la violencia jamás se ha convertido en un reducto exclusivo de los mandamases militares o de los aristócratas, ni siquiera de la iglesia, aunque bien es cierto que estas tres pandillas han hecho un uso muy elaborado e imaginativo del arte de hostiar al prójimo.
Pero centrémonos en lo que toca, que me estoy yendo por los afluyentes y buena sombra me cobija. Aunque no lo parezca, yo quería hablar de la violencia ejercida de modo individual contra otros o, más concretamente, uno contra otro, esto es, de las peleas, las bullas, las reyertas o las películas de Juan Claudio.

Peleas (¡OOOOOR-YUKEN!)

No lo neguemos, una buena pelea posee un poder de seducción muy elevado. ¿Qué ocurre cuando se genera una tángana (sí, sí, con tilde en la primera A) por ejemplo, un sábado por la noche? Pues que en pocos segundos los dos valientes gladiadores (oye hijoputa, que me has tirao el cubata) que se han enfrentado se encuentran rodeados por una muchedumbre de curiosos y voceros con sed de sangre, aunque simulen separar a los contendientes (¡cogedme que lo mato!).

Pero como en botica, en cuanto a peleas tenemos de todo, oiga, a lo largo y ancho del globo. No sólo entre mamíferos anda el juego.
En el norte de Tailandia, así como a lo largo ancho del Japón, las peleas de escarabajos rinoceronte son un ritual que se toma muy en serio. El kwang (thai) o mushi (japo), el Gran Escarabajo Luchador, es reverenciado por la gente como un poderoso guerrero. Durante la temporada de pelea, los entrenadores preparan sus insectos gladiadores para este festival anual en el que se mueven grandes cifra de dinero en apuestas (recuerden el principio de Rambo III). De hecho, en Japón se ha desarrollado un videojuego exclusivamente de combates entre escarabajos que ha tenido bastante éxito.

Poderoso guerrero descansando

Las peleas de gallos también gozan de gran popularidad en el sudeste asiático así como a lo largo y ancho de los ex-imperios precolombinos. Cuando llega la hora de las tortas los cuidadores acoplan unas afiladas cuchillas a las patas de los gallitos. Un espectáculo edificante que al cabo de pocos segundos recuerda a una pelea de almohadas en una fiesta de pijamas como las de Grease, todo lleno de plumas volando.
Bueno, y sangre de pollo.
Pero no se queda ahí la cosa: peleas ilegales de perros de presa, combates de boxeo contra canguros (e incluso entre dos humanos), peleas de mangostas contra cobras (no apueste contra la mangosta), peleas en las aulas grabadas en el móvil, etc., el abanico es muy amplio.

MMA

Y, joder, que resulta que esto siempre es negocio. Así pues, si ponemos a dos tipos de 95 kg encima de un ring a darse de hostias, pues por cojones tiene que ser aún más negocio. En este sentido, y dejando de lado el interesante mundo de ESE deporte de caballeros ; probablemente son los combates de MMA los que más dinero y morbo mueven entre los aficionados a la saliva, el sudor y la sangre.
No se confundan, las siglas MMA no significan Ministerio de Medio Ambiente, que también, sino a Mixed Martial Arts, o sea, Artes Marciales Mezcladas, más conocidas en España por obra y gracia de Merdeces Milà y sus ya afamados reportajes de investigación, como Valetudo. O, según la denominación acuñada mientras escribía este post, Menos en los Huevos, Donde Quieras (MHDQ).

Para, para, que se me ha caído una lentilla
Aún a riesgo de que automáticamente me consideren un desequilibrado, les confesaré que, tan sólo como espectador y aficionado, me he adentrado en este mundo que garantiza a los espectadores las mismas sensaciones que debían experimentar los patricios romanos en el Coliseo o Tina Turner viendo al Loco bajo la Cúpula. Pan y circo.

Y para muestra, tres botones: Uno, Dos y Tres (esta última tiene tela).

Y yo me pregunto: ¿qué será lo próximo, qué nos depara el futuro en el deportivo y caballeresco mundo de las luchas cuerpo a cuerpo? Pues yo me decanto por lo que les gusta a los japoneses, que en esto de la violencia marcan tendencias: peleas entre lo que ellos llaman Mechas, es decir, robots antropomórficos de varios metros de altura manejados por un solo tripulante. Y si no tiempo al tiempo. Un ejemplo para que lo tengan más claro: Mazinger Z contra los Brutos Mecánicos del Barón Ashler.
Bueno, me marcho que tengo que llevar a Poli Díaz a Las Barranquillas para vender garrafas de agua a los yonkis.

Alí Bumayé.

10 Comments:

At 12:09 p. m., Blogger Darth Pomada said...

Magnífico estudio: Pocas tenemos tan excitantes como el pancracio y, ya si consigues aunar dos o más inquietudes en un sólo hobbie, lo tienes todo.
Ha sido una Entrada por la Puerta Grande; enhorabuena y bienvenido, compañero.

 
At 12:17 p. m., Blogger Mr. Glasshead said...

En las peleas de mi colegio ocurría exactamente lo que usted dice: se formaba un corrillo alrededor de los que se estaban peleando, a nadie se le ocurría separar. Las peleas en el aula eran más infrecuentes, aunque espectaculares. Al menos en mi colegio, había toda una mítica con respecto a las peleas: ganarlas o ser un marica.

Las luchas de animales me parecen una de las mayores degeneraciones del ser humano. En cambio, las luchas hombre-hombre me gustan, y a riesgo de parecer un poco raro, tengo que decir que esas peleas que ha puesto en las que casi todo vale me han gustado mucho, molan. Eso sí, parecen un poco breves, y la estrategia de los ganadores consiste en dar repetidos puñetazos en la cabeza del contricante. Por cierto, no imaginaba que el bigotes iba a terminar noqueando a ese coreano grandote.

De vez en cuando circulan vídeos de retos, es decir, algún fantasma llega a un país y apuesta 1 millón a quien sea capaz de vencerle. Normalmente esta gente tiene un truco en el que son expertos y que consiste en hacer una luxación.

Muy buen post, Gran Chimp

 
At 5:31 p. m., Blogger El Gran Chimp said...

Me van a hacer sonrojar, caballeros... [pelota mode on]sólo trato humildemente de no hundir el elevado nivel de sus escritos.

Pomada, sí, la verdad es que el pancracio es un gran deporte, es como estar asistiendo a unos juegos olímpicos en la grecia clásica, sólo falta pegarse una orgía despues de ver el combate.

En cuanto a la brevedad de los combates, tienes razón, Glasshead, he puesto dos corticos para que no se les hiciera pesado. Si le han gustado le recomiendo que teclee el nombre de Fedor Emelianenko en youtube.com o en video.google.com y a disfrutar del ruso, que es una máquina de repartir hostias.

Saludos, y gracias por acogerme cual perrillo abandonado (yo nunca lo haría).

 
At 12:52 a. m., Blogger Lt. Col. Kilgore said...

Buen post y sobretodo cierto.

Este tema siempre lo he comentado, el hombre por naturaleza necesita el combate como medio natural de liberar estrés, desde tiempos remotos siempre han existido disciplinas al respecto practicadas masivamente (pensemos en la lucha grecorromana o la esgrima).

La gente confunde un combate limpio con la violencia gratuita, nada que ver.

Acaso hay algo de anormal en haberse pegado a bofetada limpia en medio de un recreo? Quien no ha empujado a otro en un momento de cabreo?

En mi opinión, se debería enseñar en las escuelas defensa personal y realizarse combates controlados, una persona íntegra debe estar preparada para todo, por raro que parezca.

Saludos

 
At 11:29 a. m., Blogger Eddy Lebowski said...

No olvidemos el hermoso arte del combate de pajaros, en el que, los guerreros, encerrados en sus jaulas, no tienen más manera de demostrar su superioridad que realizar hermosos cantos. Gran estudio sobre la violencia de a pie.

 
At 9:46 p. m., Blogger Folken said...

El vídeo número 2 se me antoja ridículo, más que nada porque esa mole no puede ni con su alma XD.

El vídeo que se esconde tras la puerta número 3 es impresionante, una suerte de golpes sin orden ni concierto capaces de tumbar a un elefante, pero no de rascar siquiera a Gracie o Yoshida, que a pesar de comerse algunas acabarían rompiéndoles los brazos... Que grandes son esos tipos

 
At 3:26 p. m., Blogger El Gran Chimp said...

Ahora que lo mentas, Folken, el tipo del bigotito es Dan Frye, todo un veterano de repartir hostiones y ya perdió un combate contra Yoshida, que le hizo una luxación que casi lo deja sin pierna.

 
At 9:05 p. m., Blogger Kaleidoscope Girl said...

Pues señores, a mí me bastaría con ver los shorts sopatrióticos que se gasta este maromo de Dan Frye, ya bautizado aquí como el señor bigotitos, para no pedirle ni la hora. Nunca había visto un chinorri con la cara tan roja en mi vida. He de decir que me gustó bastante la deportividad con la que vitoreó a nuestro bigotitos. Eso sí que es un chinorri con big cojones.

pd. Chimp, cuando te recogimos en la calle, a punto de entrar en los "bajan" de Borjamari, sabíamos que no nos ibas a defraudar. ¡qué grande!

;)

 
At 8:47 a. m., Blogger El Gran Chimp said...

Gracias kgirl. Mira que lo he intentado, pero no ha habido manera de Borja me incluya en los BAJAN.
La mediocridad no es fácil, se lo digo yo. XD

 
At 4:04 a. m., Blogger Mister MOngO said...

San dao las del pulpo.Un diez para estos dos tipos,eso si que es ganarse el pan.Que gran preparación.Que gran estrategia.Que gran cantidad de ostiones por segundo.Que grandes los parpados inflados cual globos sonda,que bello atardecer a galleto limpio.Bello arte,el esculpir a porrazos la cabeza de un amigu.

 

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